De cómo se acaba con las líneas rojas
La ventana
Ese mandarín de nuevo cuño que mueve los hilos de estos polichinelas se las ha compuesto para mandar al limbo la línea roja, cualquier línea roja, todas las líneas rojas que uno pueda haber respetado a lo largo de sus vidas. Cada día una de esas líneas rojas se atraviesa sin la menor dosis de pudor y siempre justificada por el taimado Bolaños, por la arrabalera Montero o por esa gallega de nariz afilada que a diario dice o hace lo que menos pueda gustar a cualquier persona normal. Quién sabe cuánto durará este mandarinato y si tendrá fecha de caducidad o vino para quedarse para siempre en nuestras existencias. La última roja transgredida ha sido la calificación de terroristas malos y terroristas buenos, que serían los beneficiarios de esa ley de amnistía que no hay por dónde cogerla. A hacer gárgaras dicha línea.