Y Larga fue nuevamente Estafeta
La ventana
Acompañó el tiempo y La Puebla del Río... y de Morante, según feliz acuñación al efecto, se vino arriba en la recuperación de unos encierros que de la mano del torero se parecen más a sí mismos. La festividad del Patrón recobraba mucho brillo con esos encierros y el pueblo se arremolinaba en torno a ese grandioso torero que lleva por el mundo el nombre de su pueblo. Esa fiesta la había creado él y sin él tenía menos sentido, por lo que el alborozo reapareció de forma incontenible, con lo que la calle Larga volvió a ser Estafeta por un día. Las cosas volvían a cobrar sentido y el fervor de un pueblo por ese hijo que lo propaga urbi et orbi nos retrotraía a un tiempo en el que un torero era un personaje admirado y querido. Nada que ver con esto que hoy vivimos y en el que todo lo que sepa a toreo es perseguido.