Fervor y sensualidad: la poesía primera de Antonio Gala (cerrada registro)
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En 1959, Antonio Gala publicaba su primer libro de poemas, Enemigo íntimo, accésit del Premio Adonáis. Un poemario escrito en el convento de la Cartuja de Jerez, lugar que cobijó al escritor en la década de los años cincuenta del pasado siglo –todo se relata en su biografía, también en una entrevista que Antonio Gala le concedió a Jesús Quintero-. Pero no fueron estos poemas de juventud los primeros de Gala. El autor, en su adolescencia, ya dominaba esos ritmos del endecasílabo –la sexta sílaba acentuada-, ese manantial sereno de la expresión, esa tendencia a la reflexión y a la búsqueda de la belleza. Una belleza siempre barroca, andaluza. Con la influencia del grupo Cántico y con la sensibilidad –y la inteligencia- de Antonio Gala.
La editorial Planeta ha publicado Poemas de lo irremediable. La edición, a cargo del filólogo e investigador Pedro J. Plaza y al cuidado de Luis Cárdenas, quien fuese secretario del escritor, nos ofrece una serie de poemas fechados entre 1947 y 1952. El volumen se presentó en Sevilla, en la Real Academia de Buenas Letras, con el periodista Jesús Vigorra de moderador del acto y con la organización del Centro Andaluz de las Letras. Antes de la presentación hubo cuatro breves intervenciones: de Antonio Narbona, miembro de la academia y catedrático de Lengua Española, Carmen Ortiz, delegada territorial de Turismo, Cultura y Deporte en Sevilla, Mercedes Valverde, representando a la Fundación Antonio Gala, y Raquel Gisbert, editora de Planeta.
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{{authors.0}}En Poemas de lo irremediable –hay poemas a dos devociones sevillanas, la Virgen de la Amargura y al Señor de Pasión-, y observamos un verso elegante y sosegado. Relata Luis Cárdenas que estos poemas los descubrió en una carpeta que se encontraba en la casa que el escritor tuvo en Madrid. Una casa que se vendió. Fue entonces, en la mudanza hacia Córdoba, cuando Cárdenas tomó aquellas carpetas y las custodió en la ciudad andaluza.
Este volumen, detallaron en la presentación, viene también a reivindicar la faceta poética de Antonio Gala, quizá no tan popular como su dedicación al teatro o a la novela. Géneros en los que el escritor destacó como pocos, vendiendo en el año 1993 más de “80000 copias a la semana con La pasión turca”, precisó Luis Cárdenas. Antonio Gala fue “el poeta vivo que más ha vendido”, señaló Jesús Vigorra, a propósito de la publicación de Poemas de amor, “un best seller de la poesía”.
"En "Poemas de lo irremediable" se manifiesta la inquietud religiosa de un Antonio Gala adolescente –hay poemas a dos devociones sevillanas, la Virgen de la Amargura y al Señor de Pasión-, y observamos un verso elegante y sosegado"
Pero este éxito comercial supuso un impedimento respecto del reconocimiento de la crítica. “Antonio Gala está fuera de los cánones historiográficos de la poesía. El éxito que tuvo en vida ha hecho que Gala quede al margen de la consideración poética por parte de los críticos”, afirmó Pedro J. Plaza. “En el teatro –añadió el filólogo- sí es considerado, y en algunos trabajos más modernos también se le tiene en cuenta como narrador. Pero como poeta lo encontramos de manera excepcional. No se le asocia a la generación del 50. Una generación no obstante que aún está estudiándose”. “Arturo Pérez Reverte ha dicho que fue un error que no se aceptara a Antonio Gala como académico”, respondió Vigorra.
A pesar del olvido de los lectores especializados, “de Gala no se puede decir que fuese desconsiderado con ningún crítico”, apuntó Pedro J. Plaza. Tan sólo en una ocasión, recordó el filólogo. Todo fue a causa de un investigador que publicó, acerca del escritor, una biografía no autorizada. Antonio Gala aquí sí respondió. En una de sus Troneras –el título que usó para su sección en los periódicos- se explayó con el autor de esta biografía. Luis Cárdenas rememoró las palabras de Gala en cuanto leyó la publicación: “Se quería aprovechar de mi éxito”. Aquella Tronera se tituló, de manera elocuente, La garrapata.
El primer poema de este nuevo volumen tiene por fecha el 16 de julio de 1947. Antonio Gala aún no había cumplido los diecisiete años. Sin embargo se percibe la impronta poética del autor de Testamento andaluz, Los verdes campos del edén o El manuscrito carmesí. “En estos poemas de adolescencia va apareciendo la religiosidad. Una religiosidad fervorosa y sentida. Honesta. El grupo Cántico influyó en esta mirada, también en el amor por el arte y la búsqueda de la belleza”, explicó Pedro J. Plaza.
Muchos son los lugares que se mencionan en estos escritos. Todos vinculados a la vida de Antonio Gala: Cuéllar, Córdoba, Ronda, Montejaque, Sevilla. Un recorrido por la geografía, y también por la personalidad –literaria y propia-, de Gala. Uno de eso autores en los que vida y obra son una realidad indisociable, como demostró en sus intervenciones en televisión, entrevistas o artículos en prensa. El pañuelo, el bastón, el soneto, el carácter. Todo tenía el acento de Antonio Gala. Todo formaba parte del mito de su figura. Un mito que, aseguró Raquel Gisbert, “arranca con este libro”.
La presentación concluyó con una lectura de los poemas del libro. En la voz de Pedro J. Plaza, Luis Cárdenas y Jesús Vigorra. “Ha florecido sobre mí el naranjo”, fue uno de los versos que se oyeron en el patio de la Real Academia de Buenas Letras. Donde floreció la poesía joven –y sin tiempo- de Antonio Gala.
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